Los libros de Harry Harrington, ya en español, por el traductor de bonsai4me.es |
El árbol de jade es una planta suculenta y perenne, nativa de Sudáfrica, donde puede alcanzar alturas de 2 metros o más. En climas templados estos árboles son considerados como “de interior” y no debieran estar expuestos a temperaturas por debajo de los 5 – 7ºC. El jade tiene gruesos tronco y ramas, y abultadas y suculentas elípticas hojas verdes. Con la suficiente luz, las hojas desarrollan unos bordes rojos y en otoño producen racimos de flores blancas en forma de estrella. El tamaño natural de la hoja es de 3 a 5 cm, pero puede reducirse hasta 1,5 cm con podas regulares.
Notas para el Cultivo como Bonsái
Posición: Como ya se ha mencionado, con temperaturas frescas este árbol se debería mantener protegido, aunque en climas más cálidos es beneficioso que esté en exteriores durante el verano. Bajo techo, los jades deben colocarse tan cerca como sea posible de una fuente de luz natural: pueden hacer frente a condiciones de mala luz, pero eso provocará un crecimiento pobre y el aumento del tamaño de las hojas.
Riego: Debido a su árido hábitat original, los árboles de jade son capaces de almacenar grandes cantidades de agua en sus hojas. Así, los especímenes con exceso de riego desarrollan sistemas radiculares pobres que son incapaces de sostener físicamente el pesado follaje y toda la parte aérea. Al contrario de otros bonsáis, el jade debe regarse poco, y si se deja secar el sustrato entre riegos se anima a las raíces a buscar humedad, creando así un sistema mucho más fuerte y vigoroso. Esto también reduce el almacenamiento de agua en las hojas, y su tendencia a hacerse demasiado pesados en la parte aérea. El agua sólo es esencial para la planta cuando las hojas empiezan a arrugarse: en invierno esto quiere decir regar tan poco como una vez cada 2-3 semanas.
Trasplante: Se deben trasplantar en sustratos inorgánicos de gran drenaje cada 2-3 años.
Abonado: La luz abundante promueve más el crecimiento potente que los fertilizantes, así que un abono equilibrado una vez al mes desde mediados de primavera hasta otoño es todo lo que los jades necesitan.
Poda: El crecimiento nuevo debe recortarse continuamente para animar al crecimiento inferior y para reducir el tamaño de las hojas. Los jades crean fácilmente nuevos crecimientos desde las heridas, y se pueden quitar hojas individuales para producir rápidamente ramas nuevas.
Nunca cierres las heridas de poda: las pastas selladoras pueden atrapar la humedad en el lugar de la herida y causar pudrición. Deja abiertas las heridas de poda y que se sequen de forma natural.
Los jades responden bien a las técnicas de reducción del tronco, produciendo nuevo crecimiento desde la zona de la herida en una semana o dos.
Alambrado: La mayoría de entusiastas no se molestan en alambrar la Crassula, es más simple darles forma recortando y recreciendo. De todas formas, los jades responden al alambrado, situándose en posición en unas 3-4 semanas, dependiendo del vigor del ejemplar. Sin embargo hay que tener mucho cuidado, pues la corteza se marca con facilidad y se pueden partir ramas si se doblan demasiado. Alambra muy suelto y dobla ramas muy poco a poco cada vez. No riegues antes de alambrar puesto que las ramas hinchadas son mucho más propensas a marcas y roturas.
Propagación: Se pueden tomar esquejes en cualquier momento, en un sustrato arenoso y bien drenado. Incluso las simples hojas sueltas caídas en la superficie del sustrato arraigan.
Estilos: El Árbol de Jade es adecuado para los estilos informales verticales y de grupo en todos los tamaños.
|
|

